miércoles, 29 de diciembre de 2010

Las Hendiduras de Germán Machado Lens



está el poema en las hendiduras de la palabra

es un breve, y para mi definitivo, poema de un solo verso de mi amigo Ernesto Suárez de su libro “La casa transparente”. De él tomé el título para este lugar.

Hace algún tiempo, tecleando en un buscador de Internet “hendiduras poesía”, encontré un poemario de un autor uruguayo que se titulaba “Hendiduras”. Entonces no pude leerlo con la calma requerida, pero lo anoté para una posterior digestión (literaria). Encontré, en sus primeras páginas, unos versos que decían:



Las palabras son hendiduras
en la tierra segada / los mitos
tajos hondos / el silencio
cicatrices olvidadas


La coincidencia en el uso de los conceptos de HENDIDURAS y PALABRAS, era un buen motivo para haberlo sacado aquí mucho antes.

Pero está claro que había una curva vital que no me lo permitió. La conclusión llegó con el número 4 de la revista “La casa transparente”. Para ella, mi amigo Daniel Bellón nos trajo los enormes poemas (en su presencia y profundidad) de un escritor uruguayo: Germán Machado Lens, casualmente el autor de “Hendiduras”. De esta manera se cerró una vuelta de la lemniscata (no siempre tendrá que ser un círculo).

Esta es mi lectura de la poesía contenida en este libro. Trataré que sea caótica y desordenada y obligar con ello a que quien no haya leído el texto haga la suya. Esto me hicieron los poemas de Hendiduras de Germán Machado:



Los poemas de Hendiduras de Germán Machado Lens obligan. Quizás sea la severidad de la que hace gala, de manera explícita, el autor en este libro.



La severidad puede ser bella,
que la belleza sea severa.


Es severo y disciplinado, ofrece sólo aquello que consideró imprescindible. El lector se ve obligado a buscarse la vida en ellos, a indagar sus propias pistas, a penetrar, finalmente, en las hendiduras que la palabra-objeto crea en su propio entendimiento. Quizás no he entendido nada o no he caído en la semántica del autor o en sus referencias. Pero atrapado por sus honduras, me he permitido una recreación a partir de sus versos. Como un niño que juega con piedras en el suelo. Las encuentro, las recojo y, con ellas, formo pirámides antiguas y edificios postmodernos y lugares míticos. A otras las torno personajes, héroes y villanos, también en mis monstruos del pasado. Finalmente, construyo historias ante mis ojos, en medio de sus poemas.

Por ejemplo, al leer Generaciones inventé la historia de una mujer en un mundo ajeno (¿será el de los hombres?) donde, en el esfuerzo, se convierte en si misma. Una historia en tres partes y conclusión:



1ª parte:

toda niña, en su niñez, tiene una manera de evitar el sacrificio
[...]

2ª parte:

toda muchacha tiene
una manera de vengarse en las miradas cegadas
[...]

3ª parte:

la mujer que no secundó el sacrificio
sostiene la nobleza feroz

4ª parte y conclusión (que omito)

en la exacta palabra que
supura cuando la insultan
[...]


Invento otra historia en Rambla portuaria. La de un lugar donde El Final ya llegó. Es casi una novela de anticipación. Un pequeña recreación, una visión post-apocalíptica de los restos de una población costera tras el toque de los clarines del Hasta Aquí Llegamos. Vean su escenario:



llueve sobre los féretros
repica un campanario
el sol es una llaga en el cielo nublado
y en el mar un arco iris
el frío


y allí ya no están ni los redimidos ni los condenados, únicamente en un bucle eterno inanes personajes de sabores, olores y colores diluidos. Vean la sentencia final:



las palabras no alcanzan para limpiar el aire
las palabras no alcanzan para curar el daño





Los poemas de Hendiduras se me presentan monocromos, unas veces azules, otras rojos, otras verdes. Cada uno de ellos ofrece una gama enorme de intermedias tintas. Allí, en esos versos, se aplica la luz y son claros, en aquellos se escapa y son sombra, en estos las gamas se extienden en juegos sonoros:

Ejemplo en Nunca y siempre...



el ciego se hunde en el gran hormiguero de la sabiduría
aferrado a su bastón y a su recuerdo
                                        
el ciego era un niño que observaba
cuando veía
                    y cuando veía
                    por el bastón del ciego
                    descendía una fila de hormigas


Ejemplo en Hastío...

su cuerpo
partícula lejana
del hastío
                                        
                    légamo
                    lodo
                    limo


Los poemas de Hendiduras los siento metálicos, de sonoridad, textura e incluso de sabor. ¿Sanguíneos?



Ejemplo en De los engaños...


fulgores acres
donde los sueños arden
                                        
fuegos    rapaces
humos     espesos
restos      constantes


Ejemplo en Sol nocturno...

mineral desolado
hermético hemisferio
sur cerebral
claustro rodante
órbita elíptica de la neutra pupila


Los poemas de Hendiduras me proporcionan sabidurías. Sorprendido, apunto ideas que, por evidentes, no me explico como no aparecieron así expuestas en los antiguos anales de las memorias.



Dicen...

nacemos solos
morimos de uno en uno

Dicen...

las horas traen
un círculo infinito
peonzas ciertas

Dicen...

Memorando:
acordarme mañana de escribir un poema
que supere los que he escrito hasta hoy,
y me ayude a olvidarlos.


Y así continúan y podrás encontrar más Dicen...




Finalmente me quedaré con un poema para mis propias...



HENDIDURAS
                    
I
cuerpo arraigado / lenguaje
hendido sedimento
                                        
jugada
                    una palabra
                    que valga
                                        
II
                                        
no hay caso / en este juego
las reglas nunca son claras
                                        
se miran las palabras
—superficiales—
las hendiduras fugaces
                                        
otra jugada
                                        
                    ¿y cómo poder saber
                    si no ha sido derrotada?