sábado, 16 de octubre de 2010

Miradas miradas 08

Un retrato que te observa sin saber, sin palabras.
Ya te inventas lo que te dice, ya lo que calla.




1628

ya pasó el tiempo
de su prisa su apremio su premura su urgencia
ella naciendo
de nuevo entre sus propias manos

observa
mi prisa mi apremio mi premura mi urgencia
yo muriendo
de nuevo entre mis propias manos

de nada necesitada
de todo requerido
en sus ojos
entre sus dedos
la promesa
que me mantengo
al verla

Aurora Gallardo

jueves, 14 de octubre de 2010

Mis propios mounstruos (a veces)



Tener alumnos es un concepto complicado. No creo poseer ningún pensamiento digno de una cátedra, salvo aquella que pretende repetir (o mantener con vida) los pensamientos de otros. Quizás por ello me siento cómodo en la enseñanza de las ciencias. Aquello que cuando se enseña puede ser refutado con argumentos racionales o por la misma (¿por qué decimos terca?) realidad.

Reconozco que sentirse cómodo con la enseñanza es sencillo. Por el contrario el aprendizaje es una tarea dura y complicada (y extremadamente gratificante cuándo se alcanza) tanto para el maestro como para el alumno. Sé que se suele confundir enseñar y aprender. De esa confusión vienen muchos dramas familiares y la mayor parte de las críticas a los sistemas educativos. Me repito, de nuevo, el chiste: Un hombre responde a la queja de otro. “No te engañé. Cuando me compraste este perro te dije que le había enseñado a hablar. No que él hubiera aprendido.”

Reconozco que odio que critiquen a mis alumnos. Cuando cometen un error llamativo me siento como si yo mismo lo hubiera cometido. Seguramente es el recuerdo de mis años escolares donde tanto me costaba aprender mis lecciones y procuraba mantener intactas mis esperanzas en conseguirlo. Entiendo bien a los estudiantes con dificultades y me maravilla aquellos que tienen facilidades que parecen innatas.

Reconozco que odio los discursos que recuerdan las dichas y ventajas de los viejos tiempos en las escuelas. Donde al parecer todos andaban rectos, respetuosos, firmes y constantes, obedientes y poderosos en asimilar lección tras lección de conocimientos sin parar ni rechistar. Esos discursos los pronuncian personas de las más lejanas reformas educativas. Desde las del viejo bachillerato y la revalida, las del preu, las del bup y el cou, hasta ahora, las de los primeros en la eso, todos son capaces de mirar con ojos de reproches a los nuevos fracasos que compartimos en los centros de educación. Especialmente lo odio cuando lo leo o lo escucho en los medios de comunicación.

Reconozco que odio los reproches a las malas mañas de las nuevas generaciones. Tengo la sospecha que sólo pretendemos colocar(nos) un pedestal desde donde mirar por encima a alguien (al menos durante un rato). El pedestal puede (suele) ser clasista, injusto, parcial y dispuesto para evitar, en muchos casos, preguntas incómodas sobre las propias miserias de los que en ellos nos subimos. “Ya la juventud no lee.” decimos los que nunca acabamos el libro que nos obligaron a leer en la escuela y nunca leímos otro por propia voluntad. “Es que no saben hacer nada sin la calculadora.” decimos los que nos parece igual cientos de miles de euros que decenas de millones, que no somos nada sin nuestra máquina registradora o 2+3x4 nos da 20 (hasta con calculadora). “Esa música que oyen es horrible y barriobajera.” decimos los que sólo sabemos cantar (una y otra vez) las canciones ñoñas (o sexistas) de las listas de éxitos. “Ya no hay respeto.” acusamos los que vivimos aterrorizados por alguna autoridad impuesta por la dictadura, el machismo o las costumbres o simplemente ejercemos esa misma autoridad sin derecho ni réplica.

Claro que en nuestros jóvenes hay analfabetismo, ignorancia, intolerancia, violencia gratuita, sexismo. Lo sé. Sé que muchas veces dan miedo. Lo pueden ver en las aulas, en la calle, en las casas. Yo intento recordar lo difícil que es aprender en ocasiones. Procuro recordar que el teorema de pitágoras tardo miles de años en ser patrimonio de la humanidad y que estuvo guardado, custodiado, escondido por unos pocos. Los que creían, que al contrario de ellos, el resto de la humanidad era analfabeta, ignorante, intolerante y violenta. Lo que seguramente era cierto. Procuro recordar que podríamos volver a estar en esa situación si no estamos atentos. Procuro recordar un buen consejo cristiano y no prestar mucha atención en la paja en los ojos ajenos, sobre todo cuando me rasco los míos (a veces).

El sueño del sistema educativo canario (a veces) produce monstruos

martes, 12 de octubre de 2010

La huella digital





Miro atrás y veo a la pequeña que a escondidas se subió a la silla y alcanzó a coger el ratón del ordenador. Entendió, sin instrucciones, que debía mover su mano y poner sus ojos en la pantalla, allí donde pasaban cosas brillantes y de colores.

Sorprendida por su padre sonrió complacida de su audacia.

El padre asustado decidió guardar en lo alto del armario su vieja máquina de escribir, olvidar sus románticos sueños de escritor bohemio y matricularse en el cursillo local de usuarios informáticos.

Los riesgos del nacimiento digital

sábado, 9 de octubre de 2010

Miradas miradas 07

Un retrato que te observa sin saber, sin palabras.
Ya te inventas lo que te dice, ya lo que calla.




Sonja

Apenas dentro de un instante
la secreta secretaria
pondrá la yema de su meñique
cerca de sus labios.

Discretamente depositará
en su dedo con su lengua
una pequeña hebra de tabaco
que la boquilla no detuvo.

Un imperceptible movimiento
de sus dedos hará desaparecer
la brizna de tabaco
que caerá sobre el blanco mantel
sin que nadie lo note.

Allí en medio del humo
de la cosmopolita noche
me mirará sin darse por aludida.
Dura, fria y sin compasión.

Me sentiré avergonzado
de saber lo que sé,
de mirarla sin permiso.

Christian Schad

viernes, 8 de octubre de 2010

Cierta incierta lente 015



A la orilla de la vereda
tu cintura equilibra tus pasos.

Litogénesis en el paraiso.

Suenan las piedras
y tienes miedo al caer
el dia.

lunes, 31 de mayo de 2010

Cierta incierta lente 014


Al final de mayo
es recuerdo la esperanza sembrada.
Pronto estaremos dispuestos a la siega.
Ante nuestros ojos el grano resignado.
Mirar las amapolas
cuyos los pétalos están por caer
al calor de un rojo fugaz

sábado, 8 de mayo de 2010

No fue o no pudo ser y no voy


A veces quieres ir
y no puedes ir.
No vas, miras las viejas fotos,
piesas que, después de todo:
deberías estar allí.

Te arreglas una confabulación global,
pero dará igual,
pues tú sabes que no irás,
que tú te quedas.

A veces, despues de no poder ir,
vas y decides no ir.
Vuelves y te quedas.
Otras veces, decides ir de todas maneras
y acabas por quedarte y no ir.

Sea como sea, sentado en tu asiento
claseturistalowcost,
mirando por la ventanilla
ovalada
estrecha
deformante
en la dirección contraria.
ves pasar un jet,
Visto y no visto.
Un brillante resplandor, una estela.
Él va.
Y tú te vuelves,
a quedarte.
Con una extraña tristeza,
con un no fue en la cabeza palpitando
te quedas.

Hasta la próxima
me dicen, me digo, no sé, contesto,
me quedo y no me voy.
Mal consuelo
para el oportunista
de las oportunidades perdidas,
perdido.

Nadie se da cuenta
pero empiezas a preparar
¿otra vez aquí?
la vuelta,
para mañana
ir.