Rocas

 


Esta obra nació en 2018. 

Inicialmente estaba buscando poemas “que no tuvieran ni pies ni cabeza”. La idea básica era que el orden de las estrofas pudiera intercambiarse. Una idea en la línea en que ya andaba trabajando mi amigo y poeta Ernesto Suárez. Esto es, poemas donde el arranque y pie poético, no tuvieran la habitual jerarquía que en poesía poseen. 

Descuidé dos posibles soluciones. Por un lado, la prosa poética y, por otro, construir largos poemas, donde el arranque y el final del poema perdieran la importancia. 

La reflexión se centró en distinguir las distintos elementos del poema. Trabajar y estudiar cómo se relacionaban entre ellos. Reflexioné que para un lector, el impacto que provoca la lectura de un poema puede estar delimitado en alguna de sus partes, de la manera que nos lleva a subrayar unos versos dentro de un poema o extraerlos a modo de cita. 

Una solución vino de mi propia práctica escritural. Romper versos largos y convertirlos en versos cortos. De esta manera podría manejar los cortos para disponerlos dentro del poema sin enfatizar unos frente otros. Quedaban estructuras diferenciadas dentro del poema que cobraban entidad propia. Una suerte de ruedas dentadas en un engranaje o, quizás mejor expresado, con aspiraciones a ser funcionar como los distintos órganos que conforman un sistema-aparato anatómico de un ser vivo.

Así, un poema siempre puede ser considerado como un conjunto de versos que se relacionan no de manera secuencial entre ellos y con su entorno. Además, cada una de sus palabras, versos, estrofas o partes no son imprescindibles per se para su lectura ni en su totalidad y ni en su orden. El trabajo poético con el que me estaba enfrentando era construir elementos con valor poético en si mismo y disponerlos para el lector de la forma más abierta posible. Que el conjunto tuviera sentido con independencia del lugar en que comenzara la lectura, la continuación que eligiera y punto final que le diera.

Se trata de encontrar-buscar la estructura “poema” dentro de un poema. El poema se convertía de esta manera en un ente fractal. Y de esta manera volvía al concepto de recursividad. Junto con mis amigos, poetas y compinches, Ernesto Suárez y Daniel Bellón habíamos abordado esta noción. Nos había aparecido (Costa Cartonera) cuando nos planteamos una variación a la estructura poética del Fib

Posteriormente, los poemas, una vez concluidos, establecen nuevamente enlaces con los otros poemas (no en su totalidad, no en el mismo orden) y su entorno, adquiriendo nuevos sentidos y significados que el autor no había concebido en momento de su escritura.

Por ello, de manera intencionada había que optar por ofrecer vínculos lo más opcionales posibles. Así, finalmente, el lector tuviera que optar entre todos los viables ad libitum.

El mecanismos generador de las distintas lecturas de cada poema de Rocas, por tanto, debía ser sencilla para que el lector pudiera acceder a esas otras posibilidades poéticas en cualquiera de sus jerarquías: verso, poema o poemario. 

Además, teniendo como referencia la obra Blanco de Octavio Paz, era importante, primero, no depender de ninguna tecnología especial (y que en la actualidad está disponible) y, segundo, no renunciar a una lectura tradicional, que en este caso, sería la que el autor propone en su formato editado en papel.

Pasaron seis años en todo este trajín. Los poemas se convirtieron en distintos libros donde aparecen, además de las cuestiones relatadas, otras que dejaremos para otros espacios. Conté con la paciencia (la complicidad la tenemos descontada) de Daniel y Ernesto, que sufrieron, una tras otra, versiones que consideré "definitivas". Creció en también en un número de poemas que hubo que agrupar en secciones.

Al fin, una de aquellas versiones, se la envié a mi amiga y poeta, Yaiza Martínez no sin cierto temor de que le pareciera un libro pretencioso, artificial o, simplemente, que no le interesara. Para mi festejo, ocurrió lo contrario. Recibí ese plus de reconocimiento que los poetas buscamos en la lectura que nos hacen los poetas que admiramos. De ella recibí, para mi dicha, sugerencias y preguntas y, además, el apremio de publicarlo.

Mi amigo y poeta, Viktor Gómez, recibió el original y tuvo claro que encajaba en la idea que estaba construyendo alrededor de la maravillosa colección Libros de la hospitalidad. Y aquí ya se hicieron cargo los amigos de la editorial Olé Libros. Trabajaron este libro y sus dificultades (que me parecían insalvables) hasta convertir esta obra en objeto-libro.

Gracias a tod@s, much@s, que hicieron posible aprehender Rocas entre las manos.